
Me encanta el otoño, esa época en la que empiezas a remolonear en la cama cuando, por la mañana, descubres que fuera hace más frío; cuando los árboles dialogan con el aire, acariciándoles con sus hojas que se emancipan de las ramas. Los contrastes cálidos impregnan el paisaje, para aquellos afortunados que en estos días pueden subir a la montaña... Y el día se acorta, iluminándose así las calles con las farolas, escenaro perfecto para los paseos de los enamorados... y de aquellos que, tras el trabajo, desean que llegue cuanto antes el bus que les conducirá hasta su casa.
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